04 julio 2010

TPVs en el extranjero: el idioma es la clave para el diseño centrado en el usuario

Los terminales de punto de venta, como aún ocurre en muchos cajeros automáticos, tienen mucho camino por delante en cuanto a diseño de interacción. Algo tan simple como testearlos con un puñado de usuarios sería suficiente para detectar algunos problemas y poner solución.

Cuando uno llega a un país una de las primeras interacciones que tiene con una interfaz es la de la máquina expendedora de billetes para el tren que le lleva del aeropuerto a la ciudad. Por defecto el sistema muestra algún mensaje en el idioma del país y suele dar la opción de cambiar a otro idioma. Si eso no lo hace, apaga y vámonos, termina este post. Supongamos que sí nos permite cambiar a español o al menos a inglés.

Si pedimos un cambio de idioma ya le estamos dando al sistema una información muy valiosa: no somos usuarios locales sino extranjeros, y por lo tanto tendremos unas necesidades algo distintas a las que de los usuarios habituales.

Previsión de necesidades
  1. Es posible que no conozcamos el funcionamiento del sistema de transporte público, por lo que una mera traducción de la interfaz a nuestro idioma no será suficiente porque no sabremos si un mismo billete sirve para bus, metro y tranvía u otros medios de transporte que haya en la ciudad, no sabremos cuánto tiempo se puede usar un mismo billete en caso de admitir conmutar entre ellos, no sabremos si hay una ordenación de las estaciones por zonas ni en qué zona nos encontramos para poder comprar el billete adecuado, y una vez comprado no sabemos si hay que picarlo en alguna máquina o si es suficiente con haberlo adquirido.
  2. Es altamente probable que queramos llegar al centro de la ciudad, por lo que el sistema debería ofrecer entre las primeras opciones la de comprar un billete de ese tipo y dar la posibilidad de comprar a otros destinos previendo el caso de que no seamos el usuario más probable.
Traducción
No tendría que ser necesario decir que la traducción debe hacerla -o al menos revisarla- un nativo o alguien que conozca de verdad el idioma de llegada, de lo contrario las frases construidas podrían ser ininteligibles, como la que véis en este ejemplo de un TPV de billetes de metro de Berlín tomada en junio de 2010.


En resumen, un TPV debe contemplar perfiles de usuario y usar una información tan simple como es la petición que el usuario hace para cambiar el idioma de la interfaz para adaptarse y adelantarse a las necesidades de estos perfiles:
a) Traducción correcta de los menús y los mensajes
b) Previsión de las necesidades que tendrá

1 comentario:

Ignacio Pastor dijo...

Buen post,

Me gusta la idea de que los terminales de venta no solo expedan billetes, sino que también anticipen necesidades de información.

Salu2!